Abrirse paso en el infierno

Vencer la esclavitud

En 2010, Madai vivía en un municipio de Veracruz y estudiaba psicopedagogía educativa. Un viernes, después de salir del trabajo, mientras esperaba a una persona, un hombre se acercó para preguntarle si sabía dónde estaba el baile. Ésa fue la excusa para hablarle, presentarse y pedirle su teléfono. Después de tres semanas de comunicación telefónica, él le pidió que fuera su novia.

Un día, le propuso que vivieran juntos en la Ciudad de México. Madai insistió en que debía terminar sus estudios. “Él se burló, me dijo ‘para qué quieres estudiar… yo tengo familia que son profesionistas y no tienen dinero; yo no tengo estudios y tengo mucho dinero, una casa y carros’” cuenta la superviviente. A través de manipulaciones la convenció de dejar su casa sin avisarle a nadie.

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Madai vivió en una casa de seguridad en la colonia Buenavista conocida como “los cuartos verdes”. Tres días después de llegar a la capital, ahora amenazada de muerte, comenzó a ser explotada sexualmente en Sullivan. Allí, fue entregada a Alejandra Gil y su hijo Omar Sayún. Gil vigilaba la zona todas las noches desde su camioneta y exigía una cuota por brindar “seguridad” a las víctimas.

Tras casi dos años de esclavitud, su tratante le comunicó que la llevaría a Nueva York. Éste fue el punto de quiebre para Madai, en ese momento, juntó valor. “Me abrí paso en el infierno” dice la joven. Aprovechó la ausencia de su victimario un sábado para salir de la casa de seguridad, tomar un taxi y hospedarse en un hotel cerca del Monumento a la Revolución.

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Denuncia y sentencia

Justicia para la víctima

Al día siguiente, Madai denunció en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Días después, su victimario fue detenido. En 2013, fue condenado a prisión. Un año después, Alejandra Gil y su hijo fueron detenidos gracias a la denuncia de Madai. En 2015, la llamada Madame de Sullivan recibió 15 años de prisión.

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El sueño de defender

La vida como superviviente

Hoy Madai está por concluir su licenciatura en Derecho. Actualmente trabaja en uno de los tribunales más importantes del país. Como activista, participó recientemente en la Cumbre de jueces en el Vaticano. Además, fue presidenta honoraria de Fundación Reintegra en 2014. Su gran sueño es ser jueza y legisladora para contribuir a construir leyes que de verdad protejan a las víctimas de trata.

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